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El amor en
los tiempos del cólera es una novela de amor de Gabriel García
Márquez, Premio Nobel en 1982, publicada en 1985. Es,
principalmente, un compendio acerca del amor y sus múltiples
variantes, un estudio sobre el paso del tiempo que destruye y
reconstruye almas y ciudades, sobre la memoria y sus infinitos
laberintos. La trama se desarrolla en Centroamérica a principios de
siglo, época en la cual, según el narrador, los signos del
enamoramiento podían ser confundidos con los síntomas del cólera.
La novela
cuenta la historia de un amor épico que dura más de cincuenta años.
Florentino Ariza y Fermina Daza - una mujer independiente y
arrogante- se conocieron y se enamoraron como jóvenes, pero ella
decidió casarse con un medico rico, el doctor Juvenal Urbino, y
ignoró su amor para Florentino. Florentino sigue amándola,
experimentando un serie de aventuras amorosas y desarrollando su
carrera de negocios hasta la muerte del medico. Con esta muerte,
Florentino aprovecha la oportunidad para declarar su amor
incondicional a Fermina. Por fin, un amor de la niñez que dura toda
la vida está realizado, después de cincuenta y un años nueve meses y
cuatro días de sufrimiento emocional, un amor que florece cuando él
tiene 76 años y ella 72.
Fragmento:
...
Florentino Ariza se sorprendió porque era la adivinación de un
pensamiento que no lo dejaba vivir desde el inicio del regreso.
Ni él ni ella podían concebirse en otra casa distinta del
camarote, comiendo de otro modo que en el buque, incorporados a
una vida que iba a serles ajena para siempre. Era, en efecto,
como morirse. No pudo dormir más. Permaneció boca arriba en la
cama, con las dos manos entrelazadas en la nuca. A un cierto
momento, la punzada de América Vicuña lo hizo retorcerse de
dolor, y no pudo aplazar más la verdad: se encerró en el baño y
lloró a su gusto, sin prisa, hasta la última lágrima. Sólo
entonces tuvo el valor de confesarse cuánto la había querido.
Cuando
se levantaron ya vestidos para desembarcar, habían dejado atrás
los caños y las ciénagas del antiguo paso español, y navegaban
por entre los escombros de barcos y los estanques de aceites
muertos de la bahía. Se alzaba un jueves radiante sobre las
cúpulas doradas de la ciudad de los virreyes, pero Fermina Daza
no pudo soportar desde la baranda la pestilencia de sus glorias,
la arrogancia de sus baluartes profanados por las iguanas: el
horror de la vida real. Ni él ni ella, sin decírselo, se
sintieron capaces de rendirse de una manera tan fácil....
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