|

IX
Apretaste mi mano temerosa
y me quitaste el miedo;
Anochecía lentamente
y la gente pasaba sin mirarnos.
Nadie notó que dentro de nosotros
crecía una tormenta;
Era una noche transparente,
pero nadie se detuvo asombrado.
A lo lejos, la ciudad encendida,
y nosotros, muy cerca;
Era una noche gris y clara,
pero nadie se fijó en nuestros besos.
Y seguimos andando silenciosos,
sobre las hojas secas,
sin atrevernos a hacer ruido,
para que nada terminara de pronto.
|