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La
interpretación de los sueños
Sigmund Freud 1856-1939
Título original: Die Traumdeutung
Fecha de publicación: 1910
Sigmund Freud
fue sin duda uno de las personas más influyentes dentro del
desarrollo del pensamiento durante el siglo XX. Su teoría que
nuestras mentes guardan recuerdos y emociones en nuestro
subconsciente transformó la forma en la que los humanos estudiaban
la mente humana. Freud decía que a lo largo de la historia, hubo
tres grandes humillaciones. El descubrimiento de Galileo que no
somos el centro del Universo; el descubrimiento de Darwin que no
somos la corona de la creación; y su propio descubrimiento que no
controlamos nuestra propia mente.
La tendencia de
terapias que utilizan la existencia de dificultades en la infancia o
emociones reprimidas para explicar problemas emocionales actuales
empieza con Freud. Uno de sus descubrimientos más importantes es que
las emociones enterradas en la superficie subconsciente suben a la
superficie consciente durante los sueños, y que recordar fragmentos
de los sueños pueden ayudar a destapar las emociones y los recuerdos
enterrados. Decía que los sueños son una forma de realizar deseos y
que muchos deseos son el resultado de deseos sexuales reprimidos o
frustrados. En su opinión, la ansiedad que rodea dichos deseos hace
que algunos sueños se conviertan en pesadillas.
Freud mantiene
que todos los sueños representan la realización de un deseo por
parte del soñador, incluso los sueños tipo pesadilla. Hay sueños
negativos de deseos, donde lo que aparece es el incumplimiento de un
deseo. Para esto se dan varias explicaciones, entre las cuales está
la satisfacción de una tendencia masoquista. No obstante sigue en
pie la conclusión general: los sueños son realizaciones disfrazadas
de deseos reprimidos. Según su teoría, la "censura" de los sueños
producen una distorsión de su contenido. Así que lo que puede
parecer ser un conjunto de imágenes soñados sin sentido puede, a
través del análisis y del método "descifrador", ser demostrado ser
un conjunto de ideas coherentes. Freud propone que al valor del
análisis de los sueños se radica en la revelación de la actividad
subconsciente de la mente.
La teoría de
interpretación de los sueños representa las primeras teorías de este
con relación a la naturaleza de la psicología de sueños
inconscientes, la importancia de las experiencias de la infancia, el
lenguaje "hieroglífico" de los sueños y el método que el llama
"psicoanálisis". Considera que todo sueño es interpretable, es
decir, puede encontrarse su sentido. La labor de interpretar no
recae sobre todo el sueño en su conjunto sino sobre sus partes
componentes basándose en una especie de libro de los sueños, donde
cada cosa soñada significa tal otra cosa en forma rígida, sin
considerar la peculiaridad de cada sujeto. Primero se descompone el
relato en partes, y recién al final surge la interpretación final o
global, en la cual se nos revela el sueño como una realización de
deseos.
El sueño no es
meramente actividad somática: es un acabado fenómeno psíquico de
realización de deseos, y por tanto debe ser incluido en el conjunto
de los actos comprensibles -no incomprensibles- de nuestra vida
despierta, constituyendo el resultado de una actividad intelectual
altamente complicada. El deseo aparece disfrazado en el aspecto
manifiesto del sueño, en lo efectivamente soñado, proceso denominado
'deformación onírica'. Freud se pregunta porqué tiene que haber una
deformación, ya que podría haber ocurrido que el sueño expresara el
deseo en forma directa, sin deformación. Esta deformación es
intencional y se debe a la censura que el sujeto ejerce contra la
libre expresión de deseos, por encontrarlos censurables por algún
motivo.
La
interpretación de los sueños - Fragmento
Los sueños
de angustia parecen realmente excluir la posibilidad de una
generalización del principio que los análisis incluidos en el
capítulo anterior nos llevaron a deducir, o sea, el de que los
sueños son una realización de deseos, y hasta demostrar su total
absurdo. Sin embargo, no es muy difícil sustraerse a estas
objeciones, aparentemente incontrovertibles. Obsérvese tan sólo
que nuestra teoría no reposa sobre los caracteres del contenido
manifiesto, sino que se basa en el contenido ideológico que la
labor de interpretación nos descubre detrás del sueño.
Confrontemos, en efecto, el contenido manifiesto con el latente.
Es cierto que existen sueños en los que el primero es penosísi-mo.
Pero ¿se ha intentado nunca interpretar estos sueños y descubrir
el contenido ideológico latente de los mismos? Desde luego, no;
y por tanto, no pueden alcanzarnos ya las objeciones citadas, y
cabe siempre la posibilidad de que también los sueños penosos y
los de angustia se revelen después de la interpretación como
realizaciones de deseos.
En la
investigación científica resulta a veces ventajoso, cuando un
problema presenta difícil solución, acumular a él otro nuevo;
del mismo modo que nos es más fácil cascar dos nueces apretándo-las
una contra otra que separadamente. Así, a la interrogación
planteada de cómo los sueños penosos y los de angustia pueden
constituir realizaciones de deseos, podemos agregar,
deduciéndola de las características de la vida onírica hasta
ahora examinadas, la de por qué los sueños de contenido
indiferente, que resultan ser realizaciones de deseos, no
muestran abiertamente este significado. Tomemos el sueño
examinado antes con todo detalle de la inyección de Irma; no es
de carácter penoso, y la interpretación nos lo ha revelado como
una amplia realización de deseos. Mas ¿por qué precisa de
interpretación? ¿Por qué no expresa directamente su sentido? A
primera vista no nos hace tampoco la impresión de presentar
realizado un deseo del durmiente, y sólo después del análisis es
cuando nos convencemos de ello. Dando a este comportamiento del
sueño, cuyos motivos ignoramos aún, el nombre de «deformación
onírica» (Traumentstellung), surge en nosotros la segunda
interrogación: ¿de dónde proviene esta deformación de los
sueños?
Si para
contestar a esta pregunta echamos mano a las primeras
ocurrencias que por su estí-mulo surgen en nuestro pensamiento,
podremos proponer varias soluciones verosímiles; por ejemplo, la
de que durante el reposo no existe el poder de crear una
expresión correspondiente a las ideas del sueño. Pero el
análisis de determinados sueños nos obliga a aceptar una
distinta explicación de la deformación onírica. Para demostrarlo
expondré la interpretación de otro sueño propio; interpretación
que, si bien me fuerza a cometer de nuevo multitud de
indiscreciones, compensa este sacrificio personal con un acabado
esclarecimiento del problema planteado.
Información
preliminar. –En la primavera de 1897 supe que dos profesores de
nuestra Univer-sidad me habían propuesto para el cargo de
profesor extraordinario; hecho que, a más de sorprenderme por
inesperado, me causó una viva alegría, pues suponía una prueba
de estimación, indepen-diente de toda relación personal, por
parte de dos hombres de altos merecimientos científicos. Pero en
el acto me dije que no debía fundar esperanza alguna en la
propuesta de que había sido objeto, pues durante los últimos
años había hecho el Ministerio caso omiso de todas las que le
habían sido dirigidas, y muchos de mis colegas, de más edad, y
por lo menos de iguales merecimientos que yo, esperaban en vano
su promoción. Careciendo de motivos para esperar mejor suerte,
decidí resignarme a que mi nombramiento quedase sin efecto.
«Después de todo –me dije–, no soy ambicioso, y ejerzo con éxito
mi actividad profesional sin necesidad de título honorífico
ninguno, aunque también es verdad que en este caso no se trata
de que las uvas estés verdes o maduras, pues lo indudable es que
se hallan fuera de mi alcance.»
Así las
cosas, recibí una tarde la visita de un colega, con el que me
unían vínculos de amistad, y que se contaba precisamente entre
aquellos cuya suerte me había servido de advertencia. Candidato
desde hacía mucho tiempo al nombramiento de profesor, que hace
del médico en nuestra sociedad moderna una especie de semidiós
ante los ojos de los enfermos, y menos resignado que yo, solía
visitar de cuando en cuando las oficinas del ministerio para
activar la resolución de su empeño. De una de tales visitas
venía la tarde a que me refiero, y me relató que esta vez había
puesto en un aprieto al alto empleado que le recibió,
preguntándole sin ambages si el retraso de su nombramiento
dependía realmente de consideraciones confesionales. La
respuesta fue que, en efecto, dadas las corrientes de opinión
dominantes, no se hallaba S. E., por el momento, en situación,
etc., etc. «Por lo menos sé ya a qué atenerme», dijo mi amigo al
final de su relato, con el cual no me había revelado nada nuevo,
aunque sí me había afirmado en mi resignación, pues las
consideraciones confesionales alegadas eran también aplicables a
mi caso.
A la
madrugada siguiente a esta visita tuve un sueño de contenido y
formas singulares. Se componía de dos ideas y dos imágenes, en
sucesión alternada; mas para el fin que aquí perseguimos nos
bastará con comunicar su primera mitad, o sea, una idea y una
imagen.
I. Mi amigo
R. es mi tío. Siento un gran cariño por él.
II. Veo ante mí su rostro, pero algo cambiado y como alargado,
resaltando con especial precisión la rubia barba que lo
encuadra. A continuación sigue la segunda mitad del sueño,
compuesta de otra idea y otra imagen, de las que prescindo, como
antes indiqué.
La
interpretación de este sueño se desarrolló en la forma
siguiente:
Al recordarlo por la mañana me eché a reír, exclamando: «¡Qué
disparate!» Pero no pude apartar de él mi pensamiento en todo el
día, y acabé por dirigirme los siguientes reproches: «Si
cualquiera de tus enfermos tratase de rehuir la interpretación
de uno de sus sueños, tachándolo de disparatado, cuya
percatación intentaba evitarse. Por tanto, debes proceder
contigo mismo como con un tal enfermo procederías. Tu opinión de
que este sueño es un desatino no significa sino una resistencia
interior contra la interpretación y no debes dejarte vencer por
ella. Estos pensamientos me movieron a emprender el análisis...

Sigismund
Schlomo Freud, mas conocido como Sigmund Freud, nació el 6 de mayo
de 1856 en Freiberg, hoy Príbor, República Checa. Su familia se
trasladó a Viena en 1859. Tras la lectura de las obras de Darwin y
de un ensayo Sobre la naturaleza, atribuido a Goethe decidió
estudiar medicina, comenzando a estudiar en la Universidad de Viena
en 1873. En el tercer curso, comenzó investigaciones sobre el
sistema nervioso central de los invertebrados. En 1881, tras haber
cumplido un año de servicio militar obligatorio, terminó su
licenciatura. Permaneció en la universidad como ayudante en el
laboratorio de fisiología. Pasó tres años en el Hospital General de
Viena, dedicándose a la psiquiatría, la dermatología y los
trastornos nerviosos. En el año 1885, fue profesor adjunto de
Neuropatología en la Universidad de Viena. A últimos de ese año,
consiguió una beca del gobierno para estudiar en París junto al
neurólogo Jean Charcot, que trabajaba en el tratamiento de
transtornos mentales mediante la hipnosis, en el manicomio de
Salpêtrière. Sus estudios junto a Charcot, centrados en la histeria,
lo dirigieron a la psicopatología.
En 1886 contrae
matrimonio con Martha Bernaysse (*) y
se establece como médico privado en Viena, especializándose en los
trastornos nerviosos. Freud considera los síntomas de la histeria
como manifestaciones de energía emocional no descargada, asociada
con traumas psíquicos olvidados. El procedimiento terapeútico
consiste en sumir al paciente en un estado hipnótico, para forzarle
a recordar y revivir la experiencia traumática origen del trastorno,
con lo que se descargarían por catarsis las emociones causantes de
los síntomas. De 1895 a 1900, desarrolló muchos de los conceptos
incorporados tanto a la práctica como a la doctrina psicoanalítica.
Poco después
abandonó el uso de la hipnosis como procedimiento catártico,
reemplazándolo por la investigación del curso espontáneo de
pensamientos del paciente —llamado asociación libre—, como método
para comprender los procesos mentales inconscientes que están en la
raíz de los trastornos neuróticos. Encontró evidencias de los
mecanismos mentales de la represión y la resistencia, describiendo
la primera como un mecanismo inconsciente que hace inaccesible a la
mente consciente el recuerdo de hechos traumáticos; y la segunda
como la defensa inconsciente contra la accesibilidad a la
consciencia de las experiencias reprimidas, para evitar la ansiedad
que de ella se deriva. Seguía el curso de los procesos
inconscientes, usando las asociaciones libres como guía para
interpretar los sueños y los lapsus en el lenguaje. Mediante el
análisis de los sueños desarrolló teorías sobre la sexualidad
infantil y el complejo de Edipo. Trabajó además la teoría de la
transferencia, proceso por el que las actitudes emocionales,
establecidas originalmente hacia las figuras de los padres durante
la infancia, son transferidas en la vida adulta a otros personajes.
Por entonces hace aparición su obra más importante, La
interpretación de los sueños, donde analiza, además de algunos
sueños de sus pacientes, muchos de sus propios sueños, registrados
durante tres años de autoanálisis iniciados en 1897. En 1902 fue
nombrado profesor titular de la Universidad de Viena, gracias a los
esfuerzos de un paciente con influencias.
Tras el comienzo
de la I Guerra Mundial, abandonó casi la observación clínica y se
concentró en la aplicación de sus teorías a la interpretación
psicoanalítica de fenómenos sociales, como la religión, la
mitología, el arte, la literatura, el orden social o la propia
guerra. En 1923 se le detectó un cáncer en la mandíbula que precisó
de un tratamiento constante y doloroso, por el que tuvo que
someterse a varias operaciones quirúrgicas. Cuando los nazis
ocuparon Austria, en 1938, Freud que era judío, se trasladó con su
familia a Londres. El 21 de septiembre de 1939, Freud recordó la
promesa que le hizo su amigo y médico de cabecera, de ayudarle a
morir cuando el cáncer de mandíbula se volviera insoportable. Al día
siguiente le aplicaron morfina y murió a la medianoche del 23 de
septiembre de 1939. Sus restos fueron incinerados y guardados en una
de sus urnas griegas.
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