HERMIA
¿Qué amor podría alejarte de mi lado?
LISANDRO
El amor que ahora empuja a Lisandro: la bella Helena, que a la
noche engalana más que todas las brillantes luminarias.
¿Por qué me has seguido? ¿No te hace ver esto que te dejé por el
odio que te tengo?
HERMIA
No es posible. Tú no dices lo que piensas.
HELENA
¡Conque en esta alianza también está ella! Ahora ya entiendo el
juego que llevan: unidos los tres, mejor me atormentan.
¡Injuriosa Hermia, mujer más que ingrata! ¿Con ellos conspiras,
con ellos maquinas para acosarme con tan zafia burla?
Todos los secretos que hemos compartido, promesas de hermanas,
horas que pasábamos reprendiendo al tiempo presuroso porque nos
separaba... ¿Todo eso se ha olvidado? ¿La amistad en la escuela,
nuestro candor de niñas?
Hermia, nosotras, como dos dioses artífices, con nuestras agujas
creamos una flor sobre una misma muestra, sobre un mismo cojín
sentadas, cantando las dos en armonía, cual si manos, costados,
voces y almas fueran de un solo cuerpo. Así crecimos juntas como
una doble guinda que parece separada, pero que guarda unidad en
su división: dos hermosas frutas moldeadas sobre un tallo; a la
vista dos cuerpos, mas un solo corazón; dos mitades iguales de
un blasón, mas de un solo título y una sola cimera.
¿Vas a partir en dos nuestro viejo cariño uniéndote a hombres e
hiriendo a tu amiga?
Eso no es de amiga, ni es de doncella. Nuestro sexo, igual que
yo, te lo reprobará, aunque sólo sea yo la que esté herida.
HERMIA
Me asombra la pasión de tus palabras. Yo de ti no me burlo; más
bien tú de mí.
HELENA
¿No has mandado a Lisandro que me siga en son de burla y que
alabe mis ojos y mi cara?
¿Y no has hecho que Demetrio, tu otro amor, que hace poco me
trataba a puntapiés, me llame diosa, ninfa, única, divina, joya
celestial? ¿Por qué le dice eso a la que odia? ¿Y por qué
Lisandro
reniega de tu amor, que le llenaba el alma, y a mí, ¡válgame!,
me ofrece el suyo, si no es porque tú lo induces y consientes? Y
eso que no me veo favorecida, colmada de amor o afortunada como
tú,
sino mísera, amante mas no amada. Lo que yo merezco es lástima,
no desprecio.
HERMIA
No entiendo qué quieres decir.
HELENA
¡Eso! Tú persiste: finge seriedad; haz muecas a mi espalda,
guiñaos el ojo y, ¡adelante con el juego!
Esta broma, bien llevada, pasará a las crónicas. Si tuviérais
compasión, lástima o respeto, no haríais de mí el blanco de este
ataque. Así que adiós. En parte es culpa mía, que pronto purgará
mi ausencia o muerte.
LISANDRO
Espera, dulce Helena. Deja que te explique, ¡amor mío, alma y
vida, bella Helena!
HELENA
¡Admirable!
HERMIA (a
LISANDRO)
Mi amor, no te burles de ella.
DEMETRIO
Si no le convence, yo le obligaré.
LISANDRO
Ni tú vas a obligarme, ni ella a convencerme. Más que sus ruegos
no podrán tus amenazas. – Te quiero, Helena; por mi vida que te
quiero. Te juro por la vida que por ti perdería que daré el
mentís a quien diga lo contrario.
DEMETRIO (a
HELENA)
Yo digo que te quiero más que él.
LISANDRO
Entonces ven conmigo a demostrarlo.
DEMETRIO
Vamos, pronto.
HERMIA
Lisandro, ¿adónde lleva todo esto?
LISANDRO
¡Suéltame, gitana!
DEMETRIO
Sí, claro. Parece que se suelta. Hace ademán de seguirme, pero
no viene. –¡Si serás miedoso!
LISANDRO
¡Quita, gata, lapa! ¡Suéltame, engendro, o te sacudiré de mí
como a una víbora!
HERMIA
¿Por qué te pones tan grosero? ¿Por qué este cambio, amor mío?
LISANDRO
¿Amor tuyo? ¡Aparta, negra zíngara! ¡Quita, medicina vil,
repugnante pócima!
HERMIA
¿Estás bromeando?
HELENA
Sí, claro, y tú también.
LISANDRO
Demetrio, mantengo mi palabra.
DEMETRIO
Quisiera atarte a ella, al ver tu débil atadura. No me fío de tu
palabra.
LISANDRO
¡Cómo! ¿Quieres que le pegue, la hiera, la mate? Por más que la
odie, no pienso hacerle daño.
HERMIA
¿Y qué daño podría ser mayor que el odio? ¿Tú odiarme? ¿Por qué?
¡Ay de mí! ¿Qué ocurre, amor? ¿No soy Hermia? ¿Tú no eres
Lisandro? Tan bella soy como era antes. Anoche me querías, y
esta noche me has dejado. Entonces (¡los dioses me valgan!), ¿he
de entender que me has dejado de verdad?
LISANDRO
Sí, por mi vida, y no quería volver a verte. Abandona la
esperanza, las palabras, toda duda. Ten por cierto y verdadero
que te odio (no hablo en broma) y que amo a Helena.