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Luigi Pirandello
Seis personajes en busca
de autor
Estrenada en 1921. Publicada por primera en 1925.
Título original: Sei personaggi in cerca d'autore
En “Seis
personajes en busca de autor”, la obra más famosa obra de
Pirandello, el público es confrontado con la llegada inesperada de
seis personajes durante los ensayos de una obra teatral. En ella,
Pirandello alcanza la cumbre de su pensamiento filosófico mientras
hace gala de su gran ingenio, contrastando la realidad con la
ficción y situando en medio al hombre. Sin actos ni escenas, esta
comedia culminará cuando se baje el telón.
Los personajes
que participan se dividen en dos grupos: los de la comedia por
hacer, donde aparecen el Padre, la Madre, la Hijastra, el Hijo y
otro tanto más; y el grupo de la compañía, es decir, el Director, el
Actor Primero, Primera Actriz, maquinista, Utilero, entre una
cantidad más de personajes. Cada uno de ellos presenta diferentes
características y padecerán de diversas cuestiones que aún se pueden
apreciar en el mundo actual. Se trata, como dijo un crítico, "del
profundo choque entre el ser y el conocer, entre lo que el hombre
conoce y lo que las cosas son en realidad. Y una de esas cosas que
conoce, o trata de conocer, es su propio yo y el de los demás". De
aquí surgen diversos motivos como pueden ser los idealismos, de que
la realidad es como cada uno la ve o la hace. Otro puede ser el arte
como una única realidad, es decir, vivir la vida como una ilusión y
podemos agregar la verdadera naturaleza de la realidad y la ilusión.
Esta obra forma
parte del conocido "Teatro del espejo", donde chocan el ser y el
conocer, y eso lo afirma Pirandello al decir que "Mientras un hombre
vive, vive y no se ve a si mismo. Bien, pon un espejo frente a él y
hazle verse a sí mismo en el acto de vivir. O bien se asombra de su
propia apariencia, o aparta la vista para no verse, o escupe
irritado a su imagen… En una palabra, surge una crisis, y esa
crisis, es mi teatro".
Luigi Pirandello
es un transgresor en el teatro y Seis personajes en busca de autor
su obra sublime, la que le dio el reconocimiento merecido y al mismo
tiempo lo catapultó hacia la fama, transformándose incluso en
nuestros días, en uno de los autores más importantes de la
literatura mundial. En conjunto, con el resto de su producción
dramática de la época, propone innovadores procedimientos que
influirán posteriormente en los fundamentos del teatro moderno.
Prefacio del
autor - Fragmento
Y entonces aquel sentido
universal, buscado en vano al comienzo en estos seis
personajes, lo alcanzaron ellos mismos una vez que
subieron al escenario, encontrándolo en sí mismos al
concitar la lucha desesperada de cada uno contra el
otro, y todos contra el Director y los actores que no
los comprenden. Sin quererlo, sin saberlo, en el ajetreo
de sus atormentados espíritus, para defenderse de las
acusaciones mutuas, expresan como si fueran suyas las
exaltadas pasiones y el tormento que, en realidad, han
sido durante tantos años pesares de mi espíritu: el
engaño que supone la comprensión recíproca, basado de
modo irremediable en la vacía abstracción de las
palabras, y en la personalidad múltiple de cada uno de
acuerdo con todas las posibilidades de ser que subyacen
en nosotros. Y, finalmente, el trágico conflicto
inmanente entre la vida que se mueve sin pausa,
transformándose, y la forma inmutable que la detiene.
Sobre todo dos de aquellos seis
personajes, el Padre y la Hijastra, hablan de esta atroz
e inevitable fijeza de su forma, en la cual el uno y la
otra consideran expresada para siempre su esencia, sin
que pueda modificarse, y que en uno representa castigo
y, en la otra, venganza. Defienden su esencia de los
gestos ficticios y la inconsciente volubilidad de los
actores, tratando de imponerse al vulgar Director que
quisiera alterarla y acomodarla a las llamadas
exigencias del teatro.
No todos los seis personajes están
aparentemente en el mismo grado de conformación, pero no
porque exista entre ellos figuras de primer o segundo
plano, es decir «protagonistas» y «comparsas» —que sería
una perspectiva elemental y necesaria para una
composición escénica o narrativa—, ni tampoco porque
todos no estén debidamente conformados para su
propósito. Los seis están en el mismo grado de
realización artística y en el mismo plano de realidad:
lo fantástico de la comedia. Tanto el Padre como la
Hijastra e incluso el Hijo están realizados como
espíritus; la Madre como naturaleza; y como «presencia»
el jovencito que mira y gesticula y la niña por completo
inerte. Este hecho crea entre ellos una perspectiva
inédita. Inconscientemente, yo había tenido la impresión
de que en algunos casos necesitaba revelarlos más
acabados artísticamente, en otros menos, y en el resto
apenas o un poco configurados como elementos de un hecho
por narrar o escenificar: los más vivaces y logrados, el
Padre y la Hijastra, que obviamente vayan por delante,
guíen e incluso arrastren el peso casi muerto de los
otros: uno, el Hijo, rebelde; el otro, la Madre, como
una víctima resignada en medio de esas dos criaturitas
que casi no tienen consistencia de no ser por su
apariencia y por depender de que los lleven de la mano.
¡Tal cual! Definitivamente, cada
uno debía aparecer en ese estadio de creación, alcanzado
en la fantasía del autor, en el momento en que iba a
expulsarlos de sí.
Si ahora lo pienso, haber intuido
esta necesidad y haber encontrado el modo de resolverla
con una nueva perspectiva, y de la manera cómo lo logré,
me parece un milagro. El hecho es que la comedia fue de
verdad concebida en una espontánea iluminación de la
fantasía, cuando prodigiosamente se corresponden y obran
elementos del espíritu en una concertación divina.
Ningún cerebro humano, por más calculador o por más
afanoso, habría logrado jamás penetrar y satisfacer
todas las necesidades de su forma. Por eso, las razones
que expondré para esclarecer sus valores no se deben
tomar como intenciones preconcebidas por mí cuando me
disponía a su creación, y de la que ahora asumo su
defensa, sino sólo como hallazgos que yo mismo, luego,
con la mente clara, he podido hacer.
He querido representar seis
personajes que buscan un autor. El drama no alcanza a
escenificarse precisamente porque falta el autor que
buscan, y se representa, en cambio, la comedia de su
inútil tentativa, con todo lo que tiene de trágica por
el hecho de que estos seis personajes han sido
rechazados. Pero ¿se puede representar un personaje
rechazándolo? Evidentemente que para representarlo se
necesita, al contrario, acogerlo en la fantasía y luego
expresarlo. Yo, en efecto, he acogido y realizado
aquellos seis personajes: pero los he acogido y
realizado como rechazados: en busca de otro autor. Es
necesario ahora comprender qué rechacé de ellos; no a
ellos mismos, obviamente, sino a su drama, que sin duda
les interesa sobre todo a ellos, pero que no me
interesaba a mí en absoluto por las razones expuestas.
¿Qué es, para un personaje, su
propio drama?
Cada fantasma, cada criatura del arte, para llegar a
existir debe tener su propio drama. Es decir, un drama
del cual sea personaje y por el cual es personaje. El
drama es la razón de ser del personaje, es su función
vital: lo necesita para existir.

Luigi Pirandello
nació el 28 de junio de 1867 en Agrigento, Sicilia. Era hijo de
Caterina Ricci-Gramitto y de Stefano Pirandello, comerciante
garibaldino de clase media pero de ascendencia ilustre, inversor en
la industria del azufre. Tanto los Pirandello como los Ricci-Gramitto
participaban activamente en el movimiento "Il Risorgimento", o
Renacimiento, destinado a la unificación democrática de Italia.
Stefano llegó a participar en la famosa aventura de Los Mil
(*), siguiendo a Garibaldi a la batalla
de Aspromonte mientras Caterina, que apenas contaba con trece años,
debió emigrar junto con su padre a Malta donde había sido enviado al
exilio por la monarquía borbónica reinante. De los sentimientos de
decepción que sus padres -especialmente Caterina- acuñaron tras el
establecimiento de la unificación y su posterior y traumática
realidad, Pirandello extraería buena parte de la atmósfera emocional
que caracterizaría sus obras. Es también posible que la sensación de
traición y resentimiento inculcara en el joven Luigi la
desproporción entre ideales y realidad.
Como muchos
niños de la época, Pirandello recibió su educación básica en su
propio hogar. Quedó fascinado por las fábulas y leyendas de tono
mágico que su tutora Maria Stella solía narrarle. A los doce años
escribió su primera tragedia. A insistencia de su padre se inscribió
en una escuela técnica, educación que complementó con el estudio de
humanidades, por las que sentía mucha mayor afinidad. Su infancia
transcurrió entre Girgenti -actual Agrigento-, y Porto Empedocle a
orillas del mar. En 1880, la familia se trasladó a Palermo, donde
terminó el liceo, volcándose en la lectura de poesía italiana del
siglo XIX, empezó a escribir sus primeros poemas y se enamoró de su
prima Lina. Durante este período comienzan los primeros signos del
serio contraste que lo separaría de su padre, cuando Luigi encontró
cierta correspondencia que insinuaba la existencia de una relación
extramarital por parte de Stefano. El joven Pirandello empezó a
acercarse emocionalmente a su madre, relación que se transformaría
en una verdadera veneración.
Su amor por su
prima, inicialmente visto con desagrado, fue de pronto tomado con
seriedad por la familia de Lina, que pidió a Luigi que abandonara
sus estudios para dedicarse a la administración de las inversiones
familiares en el negocio del azufre con el fin de que los jóvenes
pudieran casarse. La boda, que parecía inminente, fue pospuesta y
Pirandello se inscribió en la Universidad de Palermo en los
departamentos de Leyes y Letras. De allí pasa en 1887 a la
Universidad de Roma, donde protagoniza un serio incidente con un
profesor, por lo que se ve obligado a abandonar la Casa de Estudios.
Se traslada a Bonn donde se doctora el 21 de marzo de 1891 con una
tesis en alemán que versa sobre la lengua siciliana. Al poco tiempo
regresa a Italia. En 1894 contrae matrimonio con María Antonietta
Portulano. El mismo año publica su primer libro de relatos, Amores
sin amor. Desde 1897 enseña literatura italiana en el Instituto
Superior de Magisterio. Un cataclismo provoca daños irreparables en
la mina de azufre en la que su padre tenía invertidos sus bienes y
la dote de Maria Antonietta, lo que le causa graves dificultades
económicas y a una fuerte depresión. En 1934 obtuvo el Premio Nobel
de Literatura. Falleció en Roma, 10 de diciembre de 1936.
(*) El 5 de mayo
de 1860 Giuseppe Garibaldi zarpó del puerto de Quarto, Provincia de
Génova, con 1033 hombres, conocidos como "Las camisas rojas", hacia
Sicilia. Esta campaña se llamó Spedizione dei Mille, un paso muy
importante para la unificación de Italia.
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