|

VIII
¡He
aprendido tantas cosas contigo!
Me enseñaste despacio.
Poco a poco aprendí
a ser mujer y niña entre tus
brazos;
poco a poco formaste
mi cabeza y mi cuerpo a tu
manera;
sin detenerte
me fuiste haciendo tuya;
me enseñaste
a no tenerte miedo,
a desear tu cuerpo y tu olor
suave,
a extrañar tu presencia,
y llenaste de ti
mi día interminable.
Yo te enseñé a reír
y los dos nos reímos
de esta vida tan rara que nos
une,
y los dos aprendimos
a no estar nunca solos.
Y viajamos los dos a la deriva,
sin pensar, sin saber
adónde vamos.
|