
Tengo un belén de
barro,
un río de plata,
con cuatro lavanderas
arrodilladas.
El castillo de Herodes
muy escondido,
para que no descubra al Niño
recién nacido.
Unos pastores velan
junto a la hoguera,
y en el molino muele
la molinera.
El portal encendido,
brilla una estrella
y un ángel te vigila,
para que duermas, Niño,
para que duermas...
Maite García-Nieto
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