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XII
Yo quiero ser Galiana, la princesa.
Y que beses mis dos hombros desnudos:
uno para la gloria y otro para los
hombres.
Los dos son para ti, no tengas miedo.
Quiero bajar de mi palacio
y ser libre en tus brazos.
Enséñame tu idioma y mientras tanto
yo te hablaré mirándote a los ojos.
¡Son tan lejanos nuestros mundos,
y tan distintos nuestros sueños!
Que tendrás que enseñarme poco a poco.
Es difícil luchar contra el destino
pero no te detengas, ¡continúa!
Sabes que en el amor no hay vencedores
ni vencidos,
y que nunca seremos derrotados.
No habrá ayer ni mañana más allá de
nosotros.
Sólo los dos latimos
en los brazos del tiempo.
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